domingo, 14 de noviembre de 2010

Un viaje al oeste

No les voy a contar un western más de esos lotes extemporáneos que compra Canal Sur para nuestro deleite. Les voy a contar las vicisitudes de un viaje que tengo que hacer con cierta frecuencia para visitar a unos amigos que viven ahí al lado, muy cerquita de Ronda: en La Indiana.

Nada más dejar la carretera comarcal que nos lleva a Benaoján y a Cortes, comienzan los peligros. Y no es que estén ahí apostados los ‘sioux’ para asaetearme con sus flechas envenenadas o cortarme la cabellera, no. Sin embargo, tengo que andar muy alerta para no dejarme en el camino el ‘delcor’ del coche o la sesera pegada al techo del mismo. Hay tal cantidad de pedruscos, de baches, de barro, de hoyas lacustres y de irregularidades, que atravesar el camino supone toda una aventura con riesgo para la integridad física y el equilibrio emocional. ¡Y para el bolsillo! A un amigo le ha costado 300 € arreglar su coche después de un topetazo con una piedra; a otra vecina le han puesto una multa de 90 € por llevar la matrícula llena de barro; a otro, le han encontrado en el taller tal cantidad de barro entre el radiador y el motor, que por poco le revienta el coche. Y esto entre la poca gente que conozco.

Ya estaba mal desde siempre, pero después de las inundaciones y del paso de camiones de gran tonelaje para arreglar o adaptar las vías del tren… la cosa ya no tiene nombre ni apellidos, porque si los tuviera se llamaría ‘el carril de los sobresaltos’ o ‘el paso de las Termópilas’. ¡Cómo se nota que por ahí no vive ningún concejal! Ni el Ayuntamiento ni la empresa constructora quieren hacerse cargo de semejante desaguisado. El primero dice que los ecologistas no les dejan arreglar el carril ¡como si les importaran algo los ecologistas! La segunda, según su lógica de beneficios, se desentiende del problema. Y estos vecinos pagan impuestos como cualquier rondeño, pero, claro, ese camino no lo ven los que vienen de fuera. No sirve para aspirar a ‘la escoba de oro’ que solicitaron a Europa.

Al igual que nuevos ricos horteras, a nuestros políticos les interesa sobre todo la apariencia. Se gastan una millonada en la rotonda del Parador, con sus lucecitas en el suelo, su adoquinado, sus farolitos y sus chuminadas para que los turistas, de paso hacia el mirador del ‘tajo’, exclamen ¡ah! ¡oh! ¡qué bonito!

Yo haría un recorrido para forasteros por todos los carriles que rodean nuestra ciudad para mostrarles la otra cara de Ronda la bella: la cara de la desidia, de la estafa, de la dejadez, del desprecio hacia la ciudadanía que no vive en el centro.

Me pregunto si podría proponerse un nuevo plan ERE para arreglar los carriles, en lugar del plan EME al que tiene condenado el Ayuntamiento nuestros caminos. No caerá esa breva.

EL OBSERVATORIO

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